El Eucalipto y su amorosa compañía

 

El Eucalipto (Eucalyptus globulus) florece en otoño e invierno. Le gusta la humedad y el fresquito, pero se cuida bastante del frío intenso porque es muy sensible a las heladas. Por ese motivo es que nos cuida tanto a nosotros de los malestares provocados por esas estaciones. Él viene con toda la potencia de sus aceites esenciales a luchar contra virus y bacterias. ¡Amamos su aroma! Tanto sus hojas en infusión como las inhalaciones con vapor de Eucalipto son muy buenas para calmar la tos, eliminar flemas, desinflamar y curar infecciones de las vías respiratorias. También nos ayuda a reducir el azúcar en sangre, eliminar hongos, cicatrizar heridas y aliviar afecciones reumáticas.
Cuenta la leyenda que la introducción de este árbol en muchas regiones fue para sanear terrenos pantanosos y acabar con las larvas de mosquito, pensando que podría erradicarse de este modo el paludismo. Y así fue, el rápido desarrollo de estos ejemplares y la absorción de grandes cantidades de agua del suelo impiden que se formen charcos y reproduzcan los mosquitos. La historia del Eucalipto comienza en 1792 en Australia y Tasmania, pero se propagó a países templados menos fríos, saneando extensos territorios palúdicos del mundo entero.
Por último… ¿sabías que el Eucalipto pertenece a la misma familia del Arrayán? ¡Viste, son parientes! La naturaleza siempre nos sorprende 😊

Cariños,
Eleonora.
❤❤

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