Naturaleza y gratitud

Hola, ¿cómo están? Quiero contarles que el día jueves tuvimos el tan ansiado Taller sobre «La inteligencia de las flores», el cual no es más que otra forma de vincularnos con la naturaleza. Fue muy movilizador para mí, no sólo por los preciosos mensajes que recibí posteriormente al encuentro, sino por el poder de convocatoria de las flores (no mía). Como les dije a las chicas, me conmueve que estemos despiertas y atraídas por universos distintos al nuestro (que en verdad es muy similar al nuestro). En la escuela intento transmitir mucho más que las propiedades de las plantas, que alcancemos a comprender que nos curan sin extraer absolutamente nada de ellas y que cumplen una misión sólo en el hecho de existir, proveernos de oxígeno y energías invisibles y beneficiosas que se traducen en bienestar general para el resto de los seres. También trato de transmitir el valor del mágico mundo animal ligado indisolublemente al reino vegetal.

Cultivo el perfil bajo y el trabajo silencioso, poniendo el énfasis en la naturaleza, no en mí, por eso no suelo compartir comentarios o testimonios sobre mis actividades, pero en este caso hago una excepción. Comparto con ustedes uno de los hermosos mensajes que recibí, ya que es un resumen maravilloso de la atmósfera que vivimos y que también traduce el espíritu de la naturaleza siempre presente en cada reunión. Estoy feliz por mí y por lo que se está gestando, y ahora que lo pienso mejor, acaso no estemos despertando, estemos brotando.

Soy toda gratitud, primero hacia mis padres que me enseñaron a amar la naturaleza; luego hacia mi compañero, por su apoyo incondicional y por regalarme el libro «La inteligencia de las flores», que produjo un antes y un después en mi vida; a mis maestros; y por último hacia ustedes, por formar parte de un mismo sentimiento.

Cariños,

Eleonora.

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