Nutrición y vestimenta para el suelo, urgente

  

Es obvio, los primeros pasos que damos los recibe el suelo. Es nuestro primer hogar. La tierra y el océano se constituyen como los hogares más grandes sobre el planeta.
El suelo, en tanto nuestro primer lugar de anidamiento, necesita preservarse y nutrirse al igual que nosotros, porque que si enferma, enferma todo  el ecosistema que habita sobre él. Uno de los conceptos más hermosos que leí, le pertenece a Rudolf Steiner. Para él, en el suelo obra la naturaleza vegetal, pero también la naturaleza humana. Es un órgano dentro del organismo del crecimiento natural que se manifiesta por todas partes; un órgano comparable al diafragma humano, pero invertido: por encima del mismo hallaremos el abdomen, extremidades y pulmones con su digestión, movilidad y respiración; por debajo del suelo se encuentra nuestra cabeza, rica en minerales, los mismos que hallamos en el cráneo humano y las raíces de las plantas. ¿Y en el medio? La  piel, que en el suelo se representa por la dermis vegetal, la cubierta verde que protege la respiración y vida interna del suelo.

Según la Facultad de Agronomía de la U.B.A., en nuestro país, el 75% del territorio está sujeto a procesos erosivos causados por las actividades agrícolas, ganaderas y forestales. La desertificación es el resultado de fenómenos naturales que pueden agruparse en tres categorías: deforestación, uso desequilibrado del suelo y mal uso de la mecanización. A medida que aumenta la degradación de las tierras, también se degrada la calidad de vida de todos los seres.

La fecha fue establecida en 1963 por decreto de la Presidencia de la Nación en memoria del fallecimiento del Dr. Hugh Hammond Bennet, investigador estadounidense que trabajó constantemente en busca de la preservación de la integridad del recurso natural «suelo», cuya importancia es vital para la producción agrícola.

Cariños,

Eleonora.

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